Creemos en un solo Dios verdadero, eterno, existente en tres personas:
Padre, Hijo y Espíritu Santo.
No es una idea abstracta, es un Dios vivo que se revela, habla y actúa en la historia.
Dios creó todas las cosas para Su gloria.
El ser humano fue creado a Su imagen, con propósito, dignidad y responsabilidad espiritual.
Nada es accidente. Todo tiene diseño.
La Biblia es la Palabra de Dios, nuestra máxima autoridad para la fe y la vida.
En ella encontramos una historia unificada cuyo centro es Jesucristo.
No la usamos para manipular, sino para formar, corregir y madurar el alma.
La salvación es posible solo por medio de Jesús.
Por Su muerte y resurrección somos reconciliados con Dios, no por obras, rituales o méritos humanos, sino por gracia mediante la fe.
Jesús no solo perdona: restaura, transforma y gobierna.
La Iglesia no es un edificio, es una comunidad viva formada por personas redimidas por Cristo.
Caminamos juntos, aprendemos juntos y crecemos juntos.
La Iglesia existe para edificar a los santos y dar testimonio fiel de Jesús en el mundo.
El Espíritu Santo habita en los creyentes, guía a la Iglesia y produce transformación real.
No es espectáculo, es vida nueva, convicción, santificación y poder para obedecer a Cristo.
El amor no es un eslogan, es evidencia.
La Iglesia de Cristo debe ser reconocida por su amor, verdad y coherencia.
Sin amor, no hay testimonio. Sin verdad, no hay libertad.
Jesucristo volverá.
Esta esperanza no nos evade de la realidad: nos prepara para vivir con sobriedad, fidelidad y propósito.
Vivimos con los pies en la tierra y los ojos en el Reino que viene.
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